miércoles 15 de julio de 2009

Cuentacuentos - El regreso a Alfheim - Parte 1

Solo tenía una certeza: la culpa la había tenido aquel libro. Si no lo hubiera cogido de la estantería del estudio probablemente, nada de lo que pasó hubiera pasado. Eso pensaba Nicolás mientras la puerta retumbaba con violencia, apenas había alcanzado a cerrarla con llave cuando él intentó abrirla. Se había acurrucado en una esquina del cuarto y miraba a todos lados buscando un lugar por el cual escapar.

- ¡Déjame entrar! -bramaba la voz de él, al mismo tiempo que golpeaba la puerta desde afuera-. ¡Dámelo! ¡Es mío!

Nicolás se estremeció de terror, nunca había estado tan asustado. Era lógico pues tenía sólo quince años y no había visto a nadie tan enfurecido y menos aún a su propio padre. Talvez se lo hubiera entregado si no hubiera reaccionado de aquella forma tan brutal.

- ¡Abre la maldita puerta! –continuaban los gritos y los golpes.

Había una ventana en el cuarto, pero recordó que estaban en el séptimo piso de un edificio en medio de la ciudad. No había manera de que sobreviviera a esa caída. No, no tenía como escapar y tenía tanto miedo.

- ¡Dámelo y no te haré daño!

“Aunque le dé, sí lo hará” pensó Nicolás abatido.

Abrazó el libro, por alguna razón le parecía algo valioso, como un tesoro y obviamente su padre pensaba igual. Lo tomó entre sus manos y lo miró, no tenía nada de especial, era un volumen de tamaño mediano y apariencia antigua, con una pasta de cuero negro y blando, pero en su interior solo había una frase escrita: “No voy a regresar, los humanos se llevan la mejor parte de la creación.”

Sin embargo, lo que resultaba fascinante era que las letras que formaban la frase latían alegremente, como si estuvieran vivas. Nicolás las miraba con miedo y asombro, miedo porque temía que no volviera a verlas y asombro porque no dejaba de intrigarle su misterio. Había algo mágico en aquel libro.

Fue así, mientras las observaba y la puerta crujía peligrosamente, que descubrió algo más, porque algo se agitaba en su interior, algo que hacía que el miedo parezca ridículo, era como un río crecido por la lluvia. Al mismo tiempo las palabras latieron con más fuerza, la tinta se hizo más negra y abundante. Y Nicolás, sin saber que hacía, puso su dedo sobre las letras. Al instante, éstas se disolvieron y la tinta formó un punto bajo su piel.

Impresionado Nicolás dibujó una puerta. No tenía idea de lo que estaba haciendo, ni que podía que sus acciones estuvieran guiadas por alguna voluntad que no fuera la suya. Pero tampoco tuvo tiempo de pensar en todo eso, porque justo entonces su padre logró entrar, haciendo pedazos la puerta.

- ¡Maldito! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! -gritó, tenía en sus ojos un brillo de locura y sus manos sangraban llenas de astillas. De pronto sonrió siniestramente- Ya no puedes escapar –añadió.

Nicolás pensó en la puerta de su dibujo y, para su sorpresa, vio que ésta se abría. Un segundo después la habitación desaparecía hasta convertirse en el interior de un ascensor. El libro seguía en sus manos. ¿Había escapado o era un sueño? No se sentía como un sueño, pensó, debía haber escapado, pero ¿cómo?

Sonrió. No importaba.

Sentía que subía, pero entonces notó que no había nada que indicara en que piso estaba, ni tampoco botones para escoger a dónde ir. “Que raro...” pensó, pero le quitó importancia, cuando llegara a su destino pensaría que hacer.

Después de un rato se detuvo y las puertas se abrieron.

- ¿Qué..? –dijo en voz alta.

Al otro lado de las puertas había un jardín muy hermoso y colorido, cubierto por un cielo claro, demasiado claro...

- ¡Oh, al fin has regresado Nicolás! –dijo una voz-. Bienvenido a Alfheim.



...Habrá una continuación ;)

martes 7 de julio de 2009

Tiempo

Que el tiempo pasa es mentira, yo lo descubrí. Sucedió después de meses de trabajo encerrado en mi laboratorio sin detenerme excepto para no morir de inanición. No conseguía ningún resultado en mi investigación, así que, frustrado, decidí tomar un descanso, talvez salir y respirar un poco. Sin embargo, después de salir y dar unas vueltas, compré el periódico y se me cayó el alma al piso ¡Apenas había pasado un día desde que había iniciado mi investigación! Eso indicaba la fecha.


No podía ser, en la mañana había lavado la ropa de meses, me había afeitado una barba que nunca me había crecido tan salvajemente y aún sentía las ojeras y el cansancio. Lo primero que pensé fue que se trataba de un error de impresión, así que anduve preguntando, por la calle, la fecha de ese día. La gente me veía como si estuviera loco, y con razón ¿quién no tiene presente el día en el que vive, sobretodo en esta agitada cotidianidad? ¿Acaso me había vuelto loco?


Regresé a casa confundido. La gente me había confirmado la fecha que daba el periódico: 5 de marzo 2009. No podía entender que había pasado, talvez todo había sido un sueño y no obstante, mis conocimientos seguían ahí, los recuerdos de todos los experimentos fallidos. No tenía caso pensarlo más. Agotado y rendido me acosté a dormir, a ahogar mis penas en un sueño pesado para olvidarlo todo.


Cuando desperté no estaba en casa, sino en un cuarto de colores claros. "¡Se despertó!" oí decir a alguien. Poco después me enteré de que estaba en un hospital, que había estado meses en coma. Mis vecinos habían entrado en mi casa después de no haberme visto salir durante semanas enteras y me habían encontrado como dormido, pero que no me despertaba por nada. Los doctores dijeron que se trataba de alguna especie de enfermedad relacionada al agotamiento mental. Yo, por mi parte, no entendía nada.


Entonces pensé que talvez había viajado por el tiempo de alguna forma, pero no tenía sentido ¿Cómo viajar de manera tan espontánea? Receordé que antes me habían pasado cosas parecidas, días que se alargaban o desaparecían del calendario. Fue así que concluí que el tiempo no pasa, sino que son las personas la que llevan dentro de sí una especie de reloj caótico...



FIN




Después de tres semanas sin internet regreso :) ...ya iré publicando lo que he escrito en este tiempo.

sábado 6 de junio de 2009

Cuentacuentos - Negro

“1+1=3... Simple lógica...” Pensaba Victor con infinita amargura.

Estaba parado en medio de una pequeña extensión de césped mezclado con hierba mala. El cielo gris lo observaba a él y a su tío, quien cavaba un hueco en el suelo. Pero el muchacho observaba sombrío al animal que yacía inerte a un lado del hueco, se trataba de un labrador negro, aquel que para el muchacho era su único amigo.

Victor se sentía enfermo, más de lo que había estado nunca en su corta vida, más que cuando se rompió la cabeza por andar en bicicleta descuidadamente. Era como si algo se hubiera roto en su pecho, como si estuviera sangrando por dentro y sus pulmones se ahogaran con su propia sangre; como si el mismo aire se trasformara en espinas en su garganta. Y todo estaba escondido bajo su piel, bajo su carne, donde nadie podría verlo... donde nadie podría sentirlo, sólo él mismo...

Su tío batía la pala con pesadez, cansado de aquel día. Finalmente, se detuvo, se limpió el sudor de la cara y se dirigió hacía el muchacho.

-
Victor –le dijo-, falta un poco más, pero estoy cansado y ya comienza a chispear. Terminaré mañana.

Sin más se colocó la pala al hombro y se alejó. Victor lo miró con dolor en el fondo de sus ojos. No soportaba la idea de dejarlo así, fuera de su tumba, no a su amigo...

- Déjame la pala –dijo el muchacho.


La lluvia caía copiosamente mientras Victor cavaba. Esta vez, ya no pudo contener las lágrimas, pero estaba bien, ya que el perro era el único que lo había visto llorar. Así tenía que ser.

Sin querer recordó el funeral de su padre. Había querido llorar, pero no por la tristeza, apenas si había conocido a su progenitor. Él era un hombre que trabajaba mucho y su esfuerzo había bastado para que Victor y su madre pudieran vivir bien el resto de su vida. Ese día Victor se sentía culpable por no estar triste como su madre, se sentía como una sanguijuela malagradecida. Y lo peor había sido que el resto de su familia había asumido que su expresión seria y tensa se debía a su padre.

Poco después su madre perdió la cordura y eso si lo golpeó como una maza de hierro. Su tío lo recibió y se lo llevó a vivir con él, por suerte, le dejó conservar a Negro, su perro. Sólo en él depositó su confianza, ya que la gente que Victor había tenido cerca había muerto o se había vuelto loca. Negro había sido su amigo, porque no era una persona, porque Victor era un muchacho muy solitario.

Y ahora lloraba sin reserva alguna, mientras la lluvia caía. ¿Quién hubiera diferenciado sus lágrimas de las gotas de lluvia?

“Negro lo hubiera hecho.” Pensaba tristemente.

Al fin terminó de cavar y de enterrar a su fiel amigo. Le dolía la cabeza como si fuera a reventar, tenía los brazos molidos, se moría del frío, pero lo que más le dolía era el pecho, como si le hubiera quedado un hueco sangrante, uno que no se podía cubrir con tierra.

“Si 1+1=3; -3+1+1=0; -1=0” reflexionó “Así éramos, una ecuación incompleta, porque sumábamos tres, pero sin ti me he quedado menos que en cero...” se dijo mientras golpeaba lleno de frustración e impotencia el suelo húmedo recién excavado.

jueves 28 de mayo de 2009

Reposo de muerte

He estado durmiendo mucho.

Todo el día soñando...

Soñando.

Buscando la música que me muestre el camino,

Ya sea el de ida o el de regreso.


He vivido muchas vidas;

He amado y muerto en un segundo.

La felicidad y el miedo me han acompañado

Al mismo tiempo, o un minuto después

...Ya no me acuerdo.


Ha sido tanto...

Hasta mis huesos están agotados,

Hartos de mi permanente somnolencia.


Pero, de repente ¡despierto!

Escucho, veo y siendo de verdad,

No es una imitación como antes.

¡Es maravilloso! ...es real;

Un cálido abrazo que no quiere terminar.


Y sin embargo, se desvanece.

Me sumerjo otra vez en un sueño

Vacío.

Otra vez me aturde la ceguera

Y olvido que buscaba;

Olvido quien era.

domingo 3 de mayo de 2009

Diálogo

Era una fría mañana en Alkar. Un viento helado soplaba por las calles, pero sus habitantes ya estaban acostumbrados a él, en esas tierras del norte del mundo. Tanto que cada quien estaba ocupado en sus trabajos matutinos. Frente al frío se oponía la calidez de la taberna “Aliento de dragón”, el cual se vio interrumpido cuando Mor del bosque de espadas entró violentamente.

- ¡Al fin te encuentro, Nim el ladrón! –exclamó furioso.

Todo el lugar calló de inmediato. Mor era un tipo conocido por su fuerza y su temperamento calmado, nadie nunca lo había visto tan fuera de sí como en ese momento.

- ¡Nim, corre! ¡Es Mor del bosque de espadas! –dijo alguien, mientras sacudía a un enorme bulto botado sobre una de las mesas.

- ¿Qué? –dijo el bulto alzando la cabeza - ¿la cuenta?

- Sí, tu cuenta conmigo –dijo Mor.

- ¡Mor...! No te había visto... –dijo Nim, todavía somnoliento.

- ¡No gastes mi nombre ladrón!

- ¿Ladrón?

- ¡Sí! Huiste con mi parte del pago y creíste que no me daría cuenta, cobarde.

- ¡¿Cobarde?! Yo hice tu trabajo y me llamas cobarde –saltó Nim enfurecido de repente-. Yo no soy ningún cobarde.

- ¿Por qué no te enfrentaste a mí entonces? –prosiguió Mor fríamente-, aún si fuera cierto que hiciste mi trabajo, era mi dinero.

- ¡Nim del martillo de hierro no es un ladrón, mentiroso! El trato era que si te deshacías de la escolta del enviado de Aiwenáro, recibirías tu parte. Y en lugar de eso fuiste directo hacia él, ¡Ese era mí trabajo!

- Con más razón eres un ladrón –dijo Mor, desenvainando su espada.

- ¡Qué no soy ladrón! –repuso Nim, levantando un pesado martillo que había estado debajo de la mesa-, ¿Quieres pelear para recuperar el honor que perdiste al engañarme?

- ¡Quiero pelear para que me devuelvas mi dinero!

La espada de Mor y el martillo de Nim chocaron como antes lo hubieran hecho sus palabras.

- Dame mi dinero y te dejaré vivir –dijo Mor enfurecido.

- ¡Entonces tendrás que matarme, porque ya no tengo un centavo! –se burló Nim.

- ¡¿Qué?!

- Sí, me lo bebí todo ayer. Ja ja ja.

- No puede ser... –dijo Mor y su rostro adquirió un tono pálido.

Nim lo miró muy extrañado y confundido. Si no hubiera sido porque era Mor del bosque de espadas, hubiera jurado que tenía miedo de algo.

- ¿Qué ocurre? –dijo Nim bajando su martillo.

Mor cayó al suelo abatido.

- Ese dinero era para el rescate de mi hermana. Hace un mes la secuestraron unos gigantes de piedra y me pidieron un rescate. No puedo enfrentarme a ellos yo solo y sin el dinero... –calló de repente.

- Hombre, no lo sabía –dijo Nim, sus ojos se llenaron de lágrimas-. ¡Que historia tan triste! ¡Si pudiera te lo devolvería ahora!

- ¡Arrg! –exclamó Mor golpeando el suelo.

Después de un momento, Mor se levantó y envainó su espada.

- Ya no tiene caso pelear –dijo-. Adiós.

- ¡Espera, Mor! –dijo Nim-. Yo te ayudaré a rescatarla.

sábado 2 de mayo de 2009

Cuentacuentos - Esa noche (Microrelato)




Donde se confunden relojes con lunas, allí me llevaba la pintoresca imagen de aquel café donde el tiempo se detenía en una hermosas noche estrellada. Allí era donde había tomado mi decisión, en el calor de la locura y la pasión. Aquella noche partiría a conocer el mundo y sumergirme en sus misterios. Siempre la recordaría para arrepentirme por el resto de mi vida.

"Terraza del café de la Place du Forum en Arlés por la noche" de Van Gogh (Descripción)


Se trata de un Van Gogh, con todo su estilo impregnado en el lienzo. Aunque pueda parecer sólo un paisaje urbano hecho en 1888, para mí es mucho más. No recuerdo cuando me enteré de su existencia, pero cuando lo vi, me enamoré de ese contraste de colores, de la lucha entre el amarillo y el azul, de las luces en la noche y la oscuridad. La escena completa se enfoca en unas mesas, donde hay gente sin rostro que se ve pequeña entre las casas y el cielo, como lo es en realidad. Sin embargo, lo más embriagante del cuadro son los brochasos y el color que forman figuras de ensueño.