domingo 21 de marzo de 2010

Gases venenosos

Sucede de cuando en cuando. Se les oye venir con su retumbar de tambores que sacuden el suelo con violencia. Se les siente como la luna llena que convierte al indefenso en un licántropo sediento de sangre humana. Son grietas que se abren en el corazón y por las cuales suben versos en vapor.

Son, sin duda, gases venenoso que quitan el sueño, el hambre y la lucidez. Provocando así una enfermedad incurable y desgraciada. Una forma de aliviar ese sufrimiento es tomar un lápiz y un pedazo de papel; una espada afilada y un monstruo al que matar, sin piedad, dejando que salpique la sangre y cruja el papel. Hasta que las grietas queden frías y muertas.

Grietas frías y muertas… Se quedan como blancas cicatrices que nunca han visto el sol. Y se abrirán de nuevo, pues estos volcanes nunca duermen del todo, su llama es la vida misma. Tan sólo esperan que la superficie esté débil, ya sea por los azares de la vida o las maldades de la gente, y estallan de nuevo en furia y bellos versos.